Saludos, muchachada!

Han vuelto, los juguetes incombustibles que hace una década irrumpieran asaltando retinas y carcajadas, han vuelto. El vaquero Woody, con su sombrero calado y sus botas de plástico reluciente, el salvaplanetas de Buzz Lightyear, con su barbilla prominente de hoyuelo pintado, y el resto de la banda de magistrales comediantes de felpa y algodón, ha regresado por la puerta grande… aunque han salido por la puerta de servicio.
Ha llegado Toy Story 3, sin subtítulo alguno, los juguetes de Lasseter no precisan maquillaje alguno para comvencerte de ir a verlos al cine más cercano. Y con esta van tres ocasiones que pisas la moqueta sin acomodadores para verlos en acción, y sinceramente, se comienza a oir como el resorte comienza a chirriar, la cuerda se agota, y se usan parches de cartón piedra para poder acabar el conjunto.

Vayamos por partes, y no confundamos al lector. Es una buena película, de eso no hay duda, pero se resiente en sumetraje y hace uso repetidas veces de un bastón de tópicos que ya hemos visto otras veces, concretamente otras dos, en sus anteriores entregas. Con lo que se puede afirmar que estamos ante la película mas floja de la saga, que acusa a la muerte por éxito del sherif con un escorpión en la bota.
Es fácil ver como se ha recurrido al mismo argumento de las dos sucesoras que se resumen en: Woody en solitario y al margen del grupo debe llegar del punto A al punto B, y salvar el día. La radiografía concuerda, es la misma, pero sin embargo, no funciona tan bien.
Demasidas veces te parece haber visto discutir al vaquero de huesos de algodón con el resto de sus compañeros tratando de ser el único que lleva la razón, y ya hemos visto antes de Buzz Lightyear retomando su pose de férreo guerrero espacial con delirios de grandeza. Y esa sensacion de deja-vu se repite como la cebolla, sin llegar a ser del todo indigesta, si que apesta con cierto aroma de caja registradora.
No sólo es la falta de soprender lo que le pesa, es que aparte, tratan de prolongar una buena idea hasta limites exagerados con tal de querer dar un broche final dorado y con purpurina, hasta tal punto que la historia se diluye y no queda claro que te quieren contar realmente, como si veinte minutos antes del final ya hubiera acabado la película, pero ellos siguen danzando por la pantalla en busca de ese climax apoteósico y parcheado con esparadrapo.
Lo siento, pero no. Tras haber visto Wall-e y sobre todo Up, uno no se conforma con una extraña sucesión de casualidades hiladas con puntos suspensivos para poder llevar la historia con azotes a donde el director quiere. Lo siento pero el cine no funciona así.

Con todo, y muy a pesar de su infinito final, la película funciona, lo justo, si, pero funciona. Ya no es la grandiosa Toy Story de Lasseter, que vista en la actualidad le pega un buen repaso a todos los huesos flacos de esta tercera entrega, pero aun asi supone un último escalón con cierta dignidad para los juguetes que cobraron vida hace más de una década.
Woody, te echaremos de menos, baquero.
Hasta otra, zagales!
Fa-Kun
Hasta el infinito y más allá.

Fa-Kun



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Fa-Kun18
