Saludos muchachada!

Tranquilo Totoro, la niña es inofensiva
Hayao Miyazaki es un genio. No podría empezar una reseña de su película más emblemática de otro modo, sino postrando mis respetos, mi orgullo, y mis armas ante semejante artista, y así, hondeando una bandera blanca, rindo las palabras que se me escapan entre los dedos al hablar de una película que marcó con fuego candente letras de oro en la historia de la animación.
Y es que hablar de Mi Vecino Tororo no es tarea fácil, y no por falta de adjevitos, que fácilmente rellenaría este artículo desgastando un diccionario de sinónimos, si no por que el largometraje de Ghibli del que pretendo escribir es todo un hito en más de un sentido. No se trata de lo que es, si no de lo que supuso, y lo que aun hoy representa: Animación y cine en estado puro.
Y eso que la historia que cuenta se podría apenas resumir sin esfuerzo en una frase, ya que Mi Vecino Totoro es un retrato de un tiempo, una fotografía de tonos ocres de un lugar bendecido por la naturaleza donde transcurren unos escasos acontecimientos que el maestro Miyazaki cuenta con el perdido arte de la tradición oral de la chimenea y la mecedora.
La película empieza con la mudanza de la familia Kusakabe a su nueva casa, en medio del campo. Junto al padre viajaban sus dos hijas, Satsuky y su hermana pequeña Mei, que no tardan en abrirse camino en el protagonismo de la historia. Todo transcurre como si relataran un fragmento de su vida, y sin aspavientos ni maremotos vemos como se suceden los días, hasta que…en un claro homenaje a Lewis Carroll, mientras Mei persigue con terca insistencia a un pequeño bichejo blanco con cierta obsesión por las bellotas, va a parar a la guarida de un ser tan encantador como inmenso, de boca amable y parsimoniosos gestos, al que la pequeña, en un afan por pronunciar bien la palabra troll en su idioma natal (torōru) acaba por decir finalmente un nombre que a todos debera resultarnos familiar: Totoro.
El resto os lo dejo a vosotros, tanto si habeis visto la película como si no. La historia que nos cuenta no tiene prisa por llegar a ningún final, y nos mece en una fábula con un poso dificil de olvidar.Eso en cuanto concierne a la historia, que la animación de esta película merece un punto y aparte.

Si algo caracteriza al estudio Ghibli, y a Miyazaki en particular, es que ofrecen una clase magistral de animación en cada producción que sale por las puertas de esa factoría. Mi vecino Totoro cuenta con una exquisita animación, digna de un delicatessen de paladares exigentes, que desmonta y construye lecciones de dibujo y animacion en cada plano, como si si ya de por si no fuera suficiente presenciar una obra maestra. En el plano meramente cínico y técnico, se podría acusar injustamente a que el purismo de la animación de la casa Disney no está presente en esta película, lo que es cierto, no esta, por que no lo necesita. La animación es un arte, y como tal ha de ser entendido, y si en un cuadro hay millares de caminos para alcanzar, por ejemplo, la veracidad de un retrato, en la animación sucede lo mismo.
Se podría decir que Disney opta por pinceles finos, precisos, y detallistas, que plasman una supuesta realidad con fidelidad asombrosa, mientras que Miyazaki con dos brochazos ha plasmado una gama de sentimientos que reflejan más la verdad que una mera fotografía. Se podría decir que Disney es Norman Rockwell, mientras que Miyazaki es Goya.
Los movimientos de Mei, Tororo, o el impresionante Gatobús, desbordan interpretación por los cuatro costados, e incluso diría que rebosan la olla. La universalidad de los gestos se hace patente en la gama de expresiones que inundan a los protagonistas, y aun hoy soy incapaz de averiguar como un Gatobus puede ser tan buen actor, o que una mole de pelo y buenas intenciones como Totoro diga tanto con tan poco, tan solo un paraguas y unas gotas de lluvia.
Si a estas alturas no sabeis por que considero a Miyazaki un maestro de maestros, volved al principio de este artículo y leedlo otra vez, que se pude decir con letras más grandes, pero no más claro.
Y si la historia es un canto a la sencillez, y la animación es soberbia, solo nos queda por saber como combinan juntos en un largometraje. Pues lo hacen de la mano, como no podría ser de otra manera.
En el plano meramente cinematográfico Mi Vecino Totoro se lleva también todos los honores, y es que no basta con tener una buena historia, hay que saber contarla, y como ya os he dicho antes, Miyaki es un genio. El ritmo de la película, eso que muchos olvidan pasados los veinte primeros minutos (hay casos peores, como perder el ritmo antes siquiera de apagar las luces del cine), se mantiene constante con ajustados cambios provocados por la pendiente de los antojos de la historia, acompañado de un sensato uso de los planos, las secuencias y todo lo que hace del cine un arte. Se podría decir que Totoro encarna lo que Ciudadano Kane simboliza para el cine de acción real, en todos y cada uno de sus sentidos.

Un Totoro se balanceaba sobre la tela....
En definitiva, una película simplemente imprescindible como pocas, y si te gusta la animación, es sencillamente de obligado visionado. Un hito en la historia que aun conserva sus bondades pasadas décadas de su estreno, se gana todos mis respetos, y ademas cabe destacar que por fin recibe el trato que merece al salir en España en DVD de la mano de Aurum, aun cuando dicha edición no está a la altura de la película que representa, ni de lejos. Pero claro, colocando en el otro platillo de la balanzala paupérrima edición en VHS que salió en los noventa (con una portada digna de estar junto al retrato de Dorian Gray), esta versión digital hace que se levanten los caballeros al entrar en la sala, con vítores, aplausos, y alguna que otra declaración de matrimonio.
Totoro for president.
Fa-Kun
Siempre Dibujando
PD: Os debo una maratón de Los Lunes con los Looney Tunes! Es que estas fechas lo trastocan todo!