Archive for the ‘Manga’ Category

Homenaje a Yoshito Usui (1958 – 2009)

Lunes, septiembre 21st, 2009
El blog Hoy les presentamos ha propuesto una iniciativa a la que me sumo gustoso, un merecido homenaje al tristmente fallecido Yoshito Usui, conocido autor de Shin-Chan.

Desde Siempre Dibujando nos queremos sumar al recuerdo del recientemente fallecido Yoshito Usui dando constancia a través de esta entrada de nuestro luto y pena. Siempre le recordaremos con cariño como el entrañable autor de su obra más conocida, Crayon Shin-Chan, la cual se ha convertido para muchos en una parte imprescindible de nuestra cultura popular.

Descanse en paz, Usui-Sensei.
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Sit tibi terra levis
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Via (imprescindible): Mangaland y agradecimiento especial a Marc Bernabé por la cesión del dibujo.
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inky-chanFa-Kun
Siempre Dibujando

El Museo Ghibli- Cápitulo 1- El Sr.Lawnson y el Gatobús de metal.

Viernes, mayo 15th, 2009

Saludos muchachada!

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Si, amigos, vuestro dibujante favorito estubo en Japón, y yo también… Pero como la red ya está plagada de blogs dedicados en exclusividad al fascinante país nipón, centraré el relato de mis peripecias en mi visita al Museo Ghibli, aunque antes, debo poneros en atecedentes:

-Viajaba sólo, con la única compañia de una mochila y un diccionario de japonés… por que…

-No hablo japonés, solo se decir cuatro cosas: Sumimasen (disculpe), konichiwa (buenos dias), konbawa (buenas noches), domou arigatou (muchas gracias), y la palabras mas importante de todas, wakarimasen (no entiendo ni jota).

El resto de mi vocabulario era medio gestual, facial, icónico y lo más parecido a un baile epiléptico mudo. Creedme, me las apañé la mar de bien durante mi breve estancia, no exenta de anécdotas, como descubrir que mis conocimientos de Doraemon me ayudaron pedir dorayaki, o encontrar un restaurante de okonomiyakis en Tsukishima un cartel en la entrada que rezaba:”tenemos el menu en español”…pero eso es otra historia.

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Esta claro, los japos no beben Pepsi...

Lo primero que debeis saber si quereis ir al Ghibli Museum, es que desde España no se venden entradas…¿Qué?¿Cómo se os ha quedao el cuerpo? A mi tan frio que me senté encima del pollo para congelarlo. Pero mi premisa es la improvisación, así que me fuí para el país del sol naciente sin entrada para el museo, y me las vería y apañaría para arrancarle a algun niño incauto su entrada…. o eso, o siguiendo la voz de un afónico Pepito Grillo, y para evitar se deportado antes de tiempo, buscar a Lawson.

Lawson no es un señor com gabarndina y sombrero calado que a acecha en las sombras con un silbido para vender entradas ilegales al mundo de Totoro. Lawson es el nombre de una convivi, tienda de conveniencia. Yo tampoco sabía que la conveniencia se vendia en tiendas, pero mira, en Tokyo, por lo visto hay de todo.

En verdad, una tienda de conveniencia, es como un 24 horas, pero con un horario algo más razonable. Esto es, no abren todo el santo dia, si no según les salga del minutero. Y dentro puedes encontrar todo lo necesario para una subsistencia sana y agradable: onigiri, revistas, manga, comida empaquetada con un simpático y alucinójeno dibujo… vamos, que estaba por mudarme allí.

¿Una gasolinera? No, amigos, una tienda Lawson

Bueno, a todo esto mas de uno se preguntara que narices pinta el Sr.Lawson con el Museo Ghibli. Fácil, amigos y amigas totoriles, en dichas tiendas puedas sacarte una entrada para ver dicho museo. Si, los onigiris, las revistas, el manga, y la comida empaquetada con un alucinojeno dibujo que cada vez me hipnotizaba más, me importaban poco menos que un rabano de tempura. Yo había ido a la tienda Lawson a buscar mi pasaje al museo de Miyazaki, todo lo demás, podía esperar.

Encontrar un tienda Lawson no fue tarea fácil, más que nada por decidí perderme por las calles de Tokyo en busca de una, y tras dar unas cuantas vueltas sin mapa ni brujula marcando el camino de baldosas amarillas, terminé dando, por las más pura de las casualidades, con el Sr.Lawson. Ah, un detalle, en la Lawson a la que fuí, había más cajeros que en el Carrefour! En cuestion de segundos habían despachado a diez clientes! Y encima te sonreian! Bueno, una llevaba un mascarilla, así que sólo lo supongo.

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Dentro de este sobre estaba mi sonrisa

Os explico como funciona el tema. Uno entra en la tienda, diez empleados te dicen algo en japonés, que asumiré como un “bienvenido” o un “otro extrejero, sonreid!” (me decanto por lo primero), y de pronto ves que en un rincón de la tienda hay una maquina de pantalla táctil y luminosos colores, que teóricamente debe servirte para sacarte la entrada al museo. Primer problema, la máquina esta en klingon. Quien dice klingon, dice chino mandarín, o japonés local, para mi no dejaba de ser un galimatías de bonitos caracteres adornados de chillones colores. Quien piense que usar el diccioario que llevaba encima era una buena idea, que lo piense dos veces… para usar el diccionario hay que hacer un master del universo impartido por algun descendiente de Mushashi….lo menos.

Así que le pido ayuda a un empleado, y creedme, no me ayudo por que le pagaran, lo hubiera aunque no trabajara allí, palabra. La cuestión es que cuando el chico comenzó a perderse entre las miles de opciones que le ofrecía la dichosa máquina, más pensaba que ese tio sabía menos japonés que yo. Salí de dudas cuando por fin se giró alegre ante mi, y me imprimió la entrada al Museo Ghibli.

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Todo clarisimo, siga al Totoro.

El museo tiene un horario de visitas limitadas, algo así como las sesiones de un cine. Y la verdad, cuando tenía la entrada en mi mano, apenas era consciente de la gloria que vivirían mis ojos, y no me refiero a ver una manada de colegialas en minifalda de camino al instituto, que también pude ver… cochinos, que sois unos cochinos! Oink!

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Un callejero en condiciones. Me dice donde esta lo que quiero.

Al día siguiente, me dirigí a Mitaka, y no, no es un señor al que me quiera ligar, si no la preceptura donde se encuentra el museo. No esta muy lejos de Tokyo, hay un pequeño trecho, pero bajo el prisma de mis emociones, me parecía estar atravesando el universo entero.

Cuando por fin aterrice en Mitaka, me tube que frotar los ojos, ante mi estaba… bueno, sobran las palabras y faltan las imagenes…

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El conductor, pese a lo que parece, era un tipo corriente

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Ni los grafitis mas fumados son asi de surrealistas

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Kawaii ne!

Si, señores, señoras, y demas comensales de este trasnochado relato, ante mi se eregía imperialmente el autbús más bonito, simpático, y cachondo desde la Mistery Machine (friki, friki)… con azafata incluida! El por que los uniformes en Japón parecen sacados del ideario de algún dibujante daltónico, es un tema denso de tratar. La cuestión es que a las japonesas les queda todo monísimo de la muerte. Decid todos conmigo “Kawaiiiiiii”.

El trayecto en el Gatobus de metal fué de lo más agradable, era como si me estubieran presentado Mitaka, y sin apenas conocernos, ya nos estabamos cayendo la mar de bien.

Y llegue a la parada del museo, para descubrir que justo en frente hay una tienda Lawson…fué entonces cuando me vino la cabeza todo el catalogo legal de Murphy.

Y aqui, a las puertas del museo, lo dejamos por hoy.

Continua en…

Museo Ghibli – Capítulo 2 – Nicky en mi bolsillo

inky-totoroFa-Kun

Siempre Dibujando

Reseñas de cómic: Maison Ikkoku – Como la vida misma

Jueves, febrero 26th, 2009

Saludos muchachada!

Mi amor platónico en el cómic tienen un nombre: Kyoko Otonashi.

No pienso esconder, como si pudiera, mi admiración por esta novela gráfica, obra de magnánimas proporciones, por lo que no pienso escatimar en elogios, y si es necesario acudiré al diccionario de sinónimos para buscar palabras que sustituyan en forma, pero no en significado, a todo lo que resuma ser una obra maestra del cómic: exepcional, maravillosa, magnífica, cautivadora… y seguiría hasta desgatar el teclado dejando mis llemas sin huellas que plasmar…

Leer Maison Ikkoku, de la grande entre grandes Rumiko Takahashi, es adentrarse en el Japón de los 80, y descubrir que todos somos humanos, y que las historias son universales… y es que al margen del idioma y otras pesquisas que delatan su identidad cultural, el cómic bien podría suceder en Barcelona, París, o Brooklyn, porque la historia seguiría siendo la misma…no nos habla de Japón, nos habla de las personas que lo habitan y sobreviven a los traspies del corazón y los azotes del calendario que marcan sus vidas.

Quizás por eso Maison Ikkoku atrapa desde su primera viñeta, al ver que su protagonista, Yusaku Godai, es una transgresión del héroe de telenovela, la antítesis de Rodolfo Valentino, que trata de abrirse un hueco en la vida de Kyoko Otonashi, con quien comparte protagonismo. Una mujer que lejos de parecerse a una princesa enclaustrada en torres de piedra maziza, es capaz de desatar un caracter huracanado envenado de celos, como tambien lo es de detener el mundo con tan solo una sonrisa. Takahashi nos narra un fragmento de la vida de Godai y Kyoko. Sin prisa alguna, vemos pasar las estaciones, las emociones, los trenes que atraviesan la polifacética ciudad de Tokyo. Personas que vienen, frases que se quedan, sentimientos que se van…

Godai y Kyoko presos del silencio, una vez más.

Godai y Kyoko presos del silencio, una vez más.

Todo adornado de una galería de personajes que destacan por su carisma, todos y cada uno, incluso aquel que apenas sale en un par de páginas (como el jefe del Cabaret Bunny, simplemente adorable) esta dotado de esa simpatía que lo hace tan cercano, que más que dibujos, parecen humanos.

Y es que Rumiko Takahashi no tiene un lápiz para dibujar, tiene una varita mágica, con la que hace personajes de carne y hueso…qué otra forma hay de explicar que los sentimientos sean tan reales, que la comedia sea tan viva, y el drama tan intenso, cuando apenas hay elementos en escena…Le sobran dos personajes, una tumba, un cerezo en flor, y con dos toques de varita mágica, te saca de la manga (nunca mejor dicho) la escena más bella que he leído jamás en un cómic.

Capaz de hacerte reir a carcajadas, o de soltar esa lágrima traicionera que achacaremos a la falta de limpieza (esa mota de polvo que tantas veces nos ha servido de cabeza de turco), Maison Ikkoku es una obra que no tiene desperdicio, que suma calidad, en vez de restarla, en cada número, y con un final apoteósico sin superhéroes salvando el planeta, ni naves espaciales rozando el limite del peligro…solo una nube cruzando el cielo, una frase de apenas dos lineas… y Rumiko se queda tan hancha.

Si quereis descubrir por qué esta obra ha sobrevivido dos decadas sin ni una arruga en su encanto, no dudeis un segundo, acercaros y llamad a la puerta de Maision Ikkoku… decid que vais de mi parte.

No os arrepentireis.

Fa-kun

Siempre Dibujando

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PD:No hablo aqui de la adaptación televisiva porque le tengo cierta tirria…le pusieron dos litros de suavizante, eliminaron sin contemplaciones a un personaje muy simpático del manga, y retocaron la historia en favor de una tonalidad mucho más rosa….Nada como el manga original.

Reseñas de cómic:Blue – El color de los recuerdos

Miércoles, enero 14th, 2009

Saludos muchachada!

Blue, Kiriko Nananan (Ponent Mon, 2004)

Azul es el sabor de una manzana prohibida, un adolescencia que tropieza embriagada de necesidades, el carmín de unos labios que callan, el olor del mar, la sal en las heridas, el rastro en la saliva de un beso robado…todo se tiñe de azul cuando la memoria es quien cuenta la historia de los vencidos.

Kiriko Nananan nos regala un fragmento de la vida de dos adolescentes japonesas, atadas por un fino hilo rojo invisible a nuestros ojos, que se aman, sin saber amar. Con un dibujo claro y sencillo, la autora nos encierra en una lectura de silencios en blanco y negro, que se devora con el placer amargo de una historia de hermosa tristeza.

Blue es una lectura directa, sus 230 páginas pasan por nuestran manos con sencillez, en ningun momento la historia se enreda en madejas imposibles, la narración no engaña a nadie, ni lo pretende. Hace honor al dibujo que lo acompaña, que sin esmerarse en los detalles, deja lo esencial para recrear un mundo juvenil de uniforme y coletas, y es que no precisa más, como mucho una sombra en una trama de un único gris. Aunque la simpleza del dibujo a veces confunde, al no poder identificar plenamente a las protagonistas de la historia, e incluso muchas veces Kiriko esconde la cara de sus creaciones, como si tuvieran vergüenza de ser retratadas en una viñeta, y dejan un profundo negro color de pelo coronando el conjunto. Pero es un mal menor, un mera arruga que no alcanza manchar la nobleza y el valor de este magnífico comic.

El manga Blue comenzó a publicarse en 1996 en la revista japonesa de corte alternativo COMIC Are!, y en el año 2001 se estrenó una película basada en esta historia. En España se puede encontrar publicado por Ponent Mon. Y por último, me es imposible dejar esta reseña sin dejar escrito lo que me hizo sacar la cartera del bolsillo y hacerme con esta pequeña joya: la contraportada.

Aquel cielo que se extendía sobre el denso mar,

los uniformes de instituto, nuestra

exasperante torpeza infantil…

creo que si todas

aquellas cosas de entonces hubieran

tenido un color, habría sido un azul muy profundo

Si esto no os convence para haceros con un ejemplar, ya nada lo hará.

Vía:

Ponent Mon

Cultura Lesbiana

Hasta otra, zagales!

Fa-Kun

Siempre Dibujando