Encuentros en la tercera fase… de descomposición. Así podría definirse la reunión a la que se ven sometidos unos ingenuos e incautos alienigenas que pretenden estudiar a la especie humana tomando como ejemplo, agárranse a la silla, a Dee Dee, ese engendro caótico capaz de hacer perder los estribos al mismísimo Ladai Lama.
Inquietante es la palabra que mejor domina la tierra hostil con la que pretendo refererime a este singular episodio. Predecir su argumento es jugar en desventaja, y resumir el guion sin desvelar lo esencial un mera y vulgar pantomima, un lengua burlesca ondeando hacia el lector.
Entrad por vuestra cuanta y riesgo.
Ese final no encajaba en un ideario de serie de animación, pero alli estaba, decorando a la perfeccion el ultimo plano de un magnifico episodio, con un mensaje claro, contundente, y sencillo. Por fin, despues de mucho tiempo, alguienvolvía a tomarse en serio la palabra infantil, y lo alejaba de supuestos sinónimos tales como bobalicón, ñoño o simple, en el mejor de los casos.
Una serie infantil podía tener un final que no acabará en perdices servidas en una bandeja de plata, podía acabar con un el protagonista retornando a su statu cuo, reconciliándose con su soledad, con su laboratorio, dándonse la mano a si mismo, mientras se sume en un amargo fundido en negro, que junto a un aullido de cisne de la orquesta sirve de telón final al que deberían seguir los aplausos. Con el mio, desde luego, contaron.
Se abren las puertas a lo desconcodio ocultas tras una estantería de cómics de Spiderman y libros de física avanzada, y es que en el Laboratorio de Dexter, lo extraño o lo imposible es un poster cotidiano que cuelga de cualquier pared ensombrecido por maquinas del tiempo, mechas para jugar a balón prisionero o monos con capacidades sobrenaturales aun no descubiertas.
Esta vez Dexter se enfrenta a un enemigo implacable, tan duro que haría llorar a manada de gatitos en su cesta con lazo incluido, despiadado como un calcetín fugándose por el hueco de la lavadora e incluso más vil que aflojar el tapón de un salero… me refiero a su propia imaginación. La realidad de bata y bolígrafos en el bolsillo contra el teatro de la casa de muñecas.
Hagan sus apuestas, señoras y señores, que los dados ya están echados.
En este episodio se demuestra que el final feliz esta reñido y en proceso de divorcio con un final divertido, y sobre todo, sorprendente. Si algo debo destacara de Dexter, son su magíificos y acertadísimos finales, a cada cual mas surrealista y reflexivo. Que tiempos, amigas y amigos mios, que tiempo….
Hacía mucho que no publicaba nada el dia del señor (o el dia del futbol para ateos como el menda), pero todo tiene su justificación en dos palabras que harán conmover al mundo entero en sus cimientos mas conservadores: Omelette Du Formage.
No me arriesgo si planto las cartas sobre la mesa y apuesto a que jamas habreís visto un episodio de una serie de animación tan bizarro y a la vez, tan bien contando. Ren y Stimpy eran abastractos a niveles cubistas en sus laberinticos guiones, no lo dudo, pero este capítulo de Dexter es una delicia de humor exquisitamente fino, elegante, y servido en bandeja de plata.
Cojan cuchillo y tenedor, y prepárense para degustar:
Soñar es gratis, menos para una mente inquieta como la de nuestro querido pequeño del pelo rojo. El mundo onírico se vuelve en su contra, haciendo de sus noches pasarelas por las calderas del averno, donde su prestigiosa intelgencía queda reducida a un cumulo cobarde de neuronas grises ante un problema matemático de guardería. La solución, lejos de acudir al psicoanálisis, es construir una maquina que cumpla sus designios. Quien pudiera, amigas y amigos, quien pudiera…
Por supuesto, el componente Dee Dee es una vez mas el bug informatico de toda ecuación perfecta.
La desdicha de cupido se cruza en los cálculos del pequeño científico, rompiendo esquemas y ecuaciones como un bufido un castillo de naipes. Pero no hay muro infranqueable para el loco pelirrojo si la ciencia está por medio, y más si se usa en beneficio propio, aunque sea un lástima que los resultados sean un auténtica e inmensa equis dibujada en su frente.
Siguiendo la estela iniciada la semana pasada, hoy os invito a volver a entrar, siempre bajo vuestra cuenta y riesgo, al Laboratorio de Dexter, hogar del desastre por antonomasia. El jovenzuelo de mente inquieta que allí habita, no satisfecho con tener de mascota a su hermana mayor Dee Dee (auténtico despropósito de Belcebú en mallas y tutú) , tiene ademas un mono a modo de cobaya, o becario. La diferencia es mínima, ninguno de los dos cobra la seguridad social.
El simio es objeto de estudios, test, observaciones microscópicas, y todo tipo de pruebas para determinar unos supuesto poderes mutantes en el primate que eleven a Dexter a los altares del nobel(vamos, como Obama). Pero no hay forma, queridos lectores, el maldito hermano tonto de chita es solo eso, un ser que come, duerme y enseña los dientes a los visitantes, por no hablar de sus aficiones más censurables que realiza en público y sin pudor…. ….. …. o no?
Lejos de la realidad, el animal que Dexter cree poco más útil que un peine para Chewaka, es un superheroe en toda regla, escuadra y cartabón! No es ni más ni menos que … MONO! No me mireís a mi, el nombre no se lo he puesto yo.
Recogiendo el invisible testigo lanzado por Isma en su blog De todo un poco, me dispongo a inaugurar una nueva sección para el día más deseado desde que empieza la semana. Celebrando cada viernes os propondré ver un capítulo de la magnífica serie El Laboratorio de Dexter, ahi queda eso!
¿Qué no sabeís de que trata la serie? Pues haberlo dicho antes! La serie transcurre en un universo paralelo lleno de simios, donde Dexter descubre un cacho del Pirulí, o del Monumento a Colón, ya no me acuerdo bien, semienterrados en playa. Evidentemente, estaba de broma, si quereis saber de que trata la serie teneis dos opciones, dadle al play, o pinchad aqui. En ambos casos vuestras dudas se verán atendidas.
Si amigos y amigas, Genndy Tartakovskyes todo un maestro Jedi, rendid clemencia ante él!