Saludos muchachada!
Ha pasado mucha agua bajo el puente desde que en 2004, la película Home on the range (gracias por la correción, Isma!) firmara el adios, por aquel entonces definitivo, a la técnica tradicional de los dibujos animados en dos dimensiones en superproducciones de la casa del raton. Se imponía una nueva moda que prescindía del legado que hizo tumbar mitos y gigantes con solo decir su nombre, y es que las nuevas tecnologías se abrían paso en el mercado a lomos de una banda de juguetes salvajes y desquiciados. Ya no había lugar para el sacapuntas, el lápiz azul, o la mesa de luz.
Siendo sinceros, Disney lo único que hizo en su momento, es seguir haciendo lo que mejor sabe hacer: dinero. No pienso culparles por abandonar una técnica de animación gloriosa y que hace palidecer como un niño nuevo en el recreo, al resto de sus computerizados rivales. Solo hicieron lo que siempre han hecho.
Y si ahora vuelven la vista atras tratando de sacar brillo a la lampara mágica de una tercera edad de oro en la animacion tradicional, es por el mismo motivo. No hay más. Eso sí, detrás de esa astuta decisión esta el arte.
Puede que Disney sea un monstuo de siete cabezas, que escupa bazofia en sesión continua en sus canales de television, o que nos deje perlas en el cine de acción real tan difíciles de digerir como un croissant de hormigón armado. Pero, y esto no lo puedo olvidar, nos ha regalado películas memorables, y lo que es mejor: animaciones tan exquisitas que se te cae la baba por los ojos mientras lucen en pantalla esos movimientos que crean escuela.
Nos trajeron un Aladino picaruelo y vivaz, un Sherlock Holmes pasado por reodor, una Sirenita que bapuleaba elegantemente y sin despeinarse el nombre de los Handersen, una Bestia con más clase que Fred Astaire o mi favorito, un conejo fugitivo incapaz de resistirse a un copita de anís.
Y ahora nos traen The Princess and the Frog, o como algun traductor con un pésimo sentido de la orientación al pasar páginas de un diccionario a decidio titular: Tiana y el Sapo. Sí amigos, no solo les da por cambiar un título de traducción tan obvia que hasta un primate colgado boca abajo, durmiendo la siesta y con una mano atada a la cola lo haria mejor, sino que ademas, y de propina, cambian al protagonista! Ya no es un rana, es un sapo! Suerte que sí, la prota se llama Tiana, en algo tenian que acertar, lástima que ni siquiera formara parte del título original, algo que obviamente les ha importado un rabano frito en su salsa cocinado por Ferran Adriá.




